viernes, 3 de abril de 2009

Aquí donde estoy


Después de haber ganado muchos concursos de arco y flecha, el joven campeón fue a buscar al maestro zen.

- Soy el mejor de todos-dijo-. No aprendí religión, no busque ayuda de los monjes y conseguí llegar a ser considerado el mejor arquero de toda la región. He sabido que durante una época, usted también fue considerado el mejor arquero de la región y le preguntó ¿había necesidad de hacerse monje para aprender a tirar las flechas?

- No respondió el maestro zen.

Pero el campeón no se dio por satisfecho. Saco una flecha, la coloco en su arco, disparo y atravesó una cereza que se encontraba muy distante. Sonrió, como quien dice: “podía haber ahorrado tiempo, dedicándose solamente ala técnica”, y dijo:

- Dudo que pueda usted hacer lo mismo.

Sin demostrar la menor preocupación, el maestro entro, cogió. su arco y comenzó a caminar en dirección a una montaña próxima. En el camino existía un abismo que solo podía ser cruzado a través de un viejo `puente de cuerda en proceso de podredumbre, a punto de romperse. Con toda la calma el maestro Zen llego a la mitad del puente, saco su arco, coloco la flecha, apunto a un árbol que estaba del otro lado del despeñadero y acertó en el blanco.

- Ahora es su turno- dijo gentilmente al joven, mientras regresaba a terreno seguro.

Aterrorizado, mirando el abismo a sus pies, el arquero fue hasta el lugar indicado y disparo, la flecha aterrizo muy distante del blanco-

- Para eso me sirvieron la disciplina y la practica de la meditación- concluyo el maestro. Cuando el joven volvió a su lado-.

- Tu puedes tener mucha habilidad con el instrumento que elegiste para ganarte la vida, pero todo esto es inútil si no consigues dominar la mente que utiliza este instrumento.

Paulo Coelho

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